Canadá

Montreal para principiantes

Montreal es una gran metrópoli multicultural donde, como reflejo del federalismo de Canadá, se puede hablar indistintamente francés e inglés, aunque el francés predomine ampliamente. Su millón y medio de habitantes proviene de más de 120 comunidades culturales de todo el mundo.

El pasado francés e inglés de la ciudad es visible en varias calles del centro. Algunas se parecen a las de los pueblos de Bretaña y otras a las de un barrio de Londres. El centro es a su vez muy norteamericano. Es un downtown compuesto de grandes edificios corporativos. Como los icebergs, forman la parte visible de una red urbana que es tan, sino más, importante bajo tierra. Es el Rézo: una red subterránea de pasillos y calles, conectados a las estaciones de subtes, a los centros comerciales y a las entradas de las principales torres y edificios públicos.

El mejor punto de partida para visitar Montreal es subir al Mont Royal, una colina que ostenta el título de montaña (234 metros) en pleno centro de la ciudad. Se ve el centro y los barrios residenciales y los brazos del río San Lorenzo.

Mont Royal

Los primeros europeos en acostar sobre esta isla fueron los marineros del explorador Jacques Cartier, el 3 de octubre de 1535. El paisaje cambió mucho desde entonces: los grandes bosques de arces se limitaron a la colina y el pueblito iroquense de Hochelaga se convirtió en metrópoli. Lo único que no cambió es el ritmo de las estaciones.

En octubre los bosques de arces de la colina rebozan de los colores del otoño.  Aquel árbol es el símbolo nacional de Canadá. Figura sobre su bandera y provee el  jarabe, el producto más emblemático del país.  Los ingleses llamaron este momento del año folliage time, el tiempo del follaje, y los franceses l’été indien, el verano indio.

Una ciudad vieja y otra nueva

En la parte más ancha de los brazos que encierran la isla está el antiguo puerto, a pasos de lo que fue la colonia francesa original. Este sector se conoce como el Vieux Montréal, un centro histórico donde quedaron muy pocos edificios (a diferencia de la ciudad de Quebec).

La Plaza de Armas es el epicentro de este barrio, el lugar donde los vecinos se juntan en las grandes ocasiones. Allí se pueden ver dos estatuas que simbolizan el pasado local reciente: un inglés con un bulldog en brazos y una francesa con un caniche. Ambos miran en direcciones opuestas con cara de desprecio. A diferencia de sus perros…

Tendrían que mirar hacia el centro de la plaza, donde se levanta la estatua de Maisonneuve, el fundador de la ciudad en 1641. O hacia la iglesia Notre-Dame, cuyo interior fue inspirado por la Santa Capilla de París.

La plaza está rodeada por edificios corporativos y torres, salvo en una de sus esquinas, donde una llamativa mansión de piedra se deja entrever detrás de paredes y rejas: se trata del Seminario de Saint-Sulpice, construido en 1683. Es el edificio más antiguo junto al Castillo de Ramezay, a pocas cuadras, que fue la casa de uno de los últimos gobernadores franceses del Canadá. Actualmente es un museo de historia que marca el punto de partida para explorar la larga calle Saint-Paul, cuya traza ya existía en 1672.

Es el paseo turístico por excelencia en Montreal, con locales de recuerdos, de arte y restaurantes. Hay que probar la poutine, un plato de base de papas fritas y queso fundido ideal para almacenar calorías durante el largo y crudo invierno canadiense.

Montreal fue sede los Juegos Olímpicos en 1976 y anteriormente había recibido la Exposición Universal en 1967. Se pueden ver remanentes de las instalaciones construidas para ambas ocasiones: algunos pabellones de la Expo (realizada sobre la pequeña isla Sainte Hélène en medio del río) quedaron en pie y hoy son atracciones para el público, como los de Estados Unidos y Francia, reconvertidos en un casino y en un espacio dedicado al medio ambiente (la Biosphere).

Biosphere

En la otra punta de la ciudad, detrás del Mont Royal está el complejo olímpico, también reciclado en su mayoría, aunque se haya conservado la torre inclinada del estadio: es a la vez el estadio más grande de Canadá y la torre inclinada más alta del mundo (175 metros, con un punto panorámico desde el cual se puede ver hasta casi 100 kilómetros de distancia). El resto de los estadios fueron transformados en un planetario, un jardín botánico, un insectario y un zoológico donde se pueden ver mapaches y castores.

Stade

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